La situación económica en el Gran Buenos Aires afecta notablemente a las familias de clase media, que enfrentan dificultades para llegar a fin de mes. El “resumen de la tarjeta” se ha convertido en un documento clave para entender su realidad financiera, donde se evidencia que los ingresos no alcanzan y que muchos recurren a la deuda para cubrir sus necesidades básicas.
El ingreso disponible de los trabajadores formales y jubilados se encuentra un 12% por debajo del promedio previo a la crisis de 2023. Este declive ha llevado a las familias a depender de créditos, donde la irregularidad en los préstamos no bancarios alcanzó el 31,7% en abril de 2026. Además, en el sistema bancario, la morosidad en créditos a personas físicas es del 12%, cifra que supera los peores momentos de la pandemia.
La carga de servicios de deuda sobre la masa salarial formal ha superado el 25%, un récord histórico que refleja la presión financiera sobre los hogares. A pesar de un posible orden macroeconómico en camino, este aún no se traduce en un bienestar tangible para la mayoría de la población. Las familias no solo enfrentan deudas crecientes, sino que también cuestionan el sentido de los sacrificios que deben realizar para sobrevivir y construir un futuro sostenible.